lunes, 7 de abril de 2008

LA COMPASIÓN COMO FACTOR DE SALUD.


La moderna medicina se viene nutriendo del conocimiento de distintas disciplinas científicas que son la piedra angular de sus grandes avances. Nadie discute que gracias a las técnicas de diagnóstico de última generación podemos “ver” el cuerpo con una precisión inimaginable hasta hace pocos años. Por no hablar también de los millones de vidas que han salvado los antibióticos desde el descubrimiento de la penicilina.
Otro asunto son los abusos comerciales de un sector de la gran industria farmacéutica, con sus estudios manipulados, su presión coercitiva, la deshumanización bochornosa (tenemos el ejemplo de las miles de vidas humanas que se pierden en el continente africano por negarse la Multinacional Farmacéutica del sector a que se utilicen genéricos específicos para el SIDA mucho más baratos, con las consecuencias que todos conocemos: un verdadero ACTO CRIMINAL). Y podríamos seguir hablando mucho sobre este tema inagotable, pero lo haremos en otra ocasión.
Hoy quiero apostar por la COMPASIÓN como factor de salud. Sí, así como lo leéis. No me refiero a un simple factor ético o moral, sobre el cual podríamos hablar desde múltiples posiciones ideológicas, todas ellas muy respetables, cómodamente sentados en nuestro salón ante la pantalla del ordenador. Me refiero a la COMPASIÓN como “factum” de salud, como una actitud que se manifiesta a través de actos voluntarios, dinámicos, integrados en nuestro entorno y en nuestra conducta.
La salud no llega a través de actos pasivos, estáticos. La salud, en toda su maravillosa manifestación, se va modelando a través de actos, de acciones y de actitudes: sana alimentación, ejercicio físico moderado, pensamientos positivos y… actos COMPASIVOS. Ver “al otro” con los ojos de la tolerancia y sentir en el corazón el calor curativo de la compasión. Perdonar y ayudar. Realizar cada día un acto de compasión es una medicina insuperable para el cuerpo y el alma. ¿Por qué no llamas ahora mismo a esa persona con la que has discutido? ¿Por qué no acudes a un hospital de vez en cuando y te ofreces como voluntario, para leer cuentos a los niños con enfermedades terminales? ¿O como acompañante de ancianos? ¿O una simple llamada a ese amigo que sufre? ¿Y si dejas de fumar y durante un tiempo ahorras lo que no has gastado en tabaco y lo donas a una institución benéfica? ¿Y si al ir al supermercado compras un litro de leche más o una bolsa de patatas y llevas esos alimentos a un comedor de beneficencia?
Hay tantas cosas que podemos hacer…
Cada uno, desde sus posibilidades, debe reflexionar sobre esto. Y este compromiso compasivo es independiente de que tú seas agnóstico, ateo, cristiano, budista, etc.
Somos seres humanos. Así de sencillo. Y la compasión nos acerca del “otro” pero también nos conecta con nosotros mismos, con esa satisfacción existencial y vital que surge cuando germina en nosotros la luz de la compasión. Y la salud se nutre también de la compasión.

1 comentario:

Wilhemina Queen dijo...

Es verdad: hay tantas cosas que podemos hacer!
un abrazo!